Eran las tres de la mañana todas las chicas de la residencia estaban durmiendo. Adela no podía dormir, estaba inquieta. Para relajarse, se dio un baño vigilando que nadie se despertara. Cuando terminó, se puso de nuevo a la cama continuando sin poder dormir, así que decidió salir a dar una vuelta por el campus. Cuando llegó al vestíbulo se encontró con Álvaro el vigilante nocturno de la residencia de chicas. Ella le contó lo que le pasaba, que no podía dormir y también le dijo que saldría a los jardines a tomar el aire. Él le dijo que no había problema, mientras que no hiciera ruido, ni despertase a nadie.
Adela
estaba más relajada después del baño, pero aún había algo que la inquietaba y no
sabía averiguar qué era. Adela sentada en el banco, oyó un ruido muy extraño y
sospechoso. Se levantó sobresaltada e intentó averiguar de dónde venía.
Finalmente encontró de donde venían esos ruidos, parecían susurros, o alguien
conversando a bajo volumen. Se acercó y vio que era Lawrence discutiendo con
alguien. Ella no reconocía quién era y se acercó más para descubrirlo pero pisó
una rama y entonces Lawrence y la otra persona se dieron cuenta que alguien les
espiaba. Adela se puso a correr para que no la descubriesen. Entró al vestíbulo
y le dijo a Álvaro que se iba a la cama porque ya estaba más relajada, él la
vio muy sobresaltada pero la creyó… ella corrió hasta llegar a su habitación.
Entonces allí abrió la puerta muy silenciosamente. Cuando entró definitivamente
a la habitación se dio cuenta que había alguien de pie, parecía una silueta, en
ese instante Adela miró a las camas y se dio cuenta que la de Laura estaba
vacía. De repente Laura le dijo:
-Nos
has descubierto, ya no hay vuelta atrás tendré que matarte…
-¡No,
no por favor, no he oído nada!
-Te
lo mereces
Se
oyó un grito muy profundo y muy intenso, que terminó haciendo eco por todas las
paredes de la residencia. Entonces Adela despertó.
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